lunes 14 de diciembre de 2009

Cicatrices

No suelo ser una persona melancólica. No me gusta estar triste.
Y prefiero siempre mirar hacia delante y no hacia atrás.
Las decisiones tomadas fueron las que en su momento me parecieron las correctas.
Recrearse en fantasear con la situación si la decisión hubiera sido otra es soñar, perder el contacto con la realidad, dejar que la vida te pase por al lado mientras tú pierdes el tiempo en quimeras.

Cada ruptura, cada fracaso, cada paso en falso deja su pequeña cicatriz tras la herida.
Unos las cubren con vendas que se ven a primera vista. Buscan consuelo en los demás.
Otros dejan que se infecten. Hasta que derivan en otro problema peor.
Y yo la curo pero la guardo bajo la ropa. Sólo la ven algunos.
Mostrar debilidad suele hacerte en general más débil y más vulnerable. No es mi estilo.

Tengo una cicatriz que es muy antigua. De hecho ya ni se marca en la piel.
Poco me acuerdo ya de ella aunque fue una de las cicatrices que más dolió.

Pero hoy, volviendo a casa, bajo la nieve, ha sucedido algo. Una tontería en realidad pero mi memoria me ha jugado una mala pasada, ha hecho una de esas asociaciones de recuerdos que te joden.
Y me he acordado de él, de cuando aún éramos super felices, de cuando todo iba bien.
Os podría mentir, decir que ha durado un momento. Pero a mí misma no puedo mentirme, no, he seguido andando y las lágrimas me resbalaban por las mejillas y no podía hacer nada por pararlas. La cicatriz se ha abierto, ha sangrado de nuevo.

jueves 10 de diciembre de 2009

Mi juego, mis reglas

Hoy me apetece jugar.
Pero no a cualquier cosa, no.
Hoy quiero que a la hora de la comida te quedes en el despacho, solo.
Voy a ir a verte.
Pero sólo vamos a jugar con mis reglas. Cierro la puerta por dentro para que no pueda entrar nadie.
Quédate sentado. He traído dos cinturones. Te ato las muñecas a los brazos de la silla.
Te abro el pantalón, bueno sólo la cremallera y te saco la polla. Aún está tranquila.
Aparto tu silla un poco de la mesa. Me reclino en la mesa y cruzo un tobillo sobre el otro. Te miro. Comienzo a desabrocharme la blusa con una lentitud exasperante.
Asoma el canalillo, ese desfiladero estrecho que lleva a dos picos dignos de escalar. Y el borde del sujetador de encaje.
Cojo las esquinas de mi falda y la subo. Dejo a la vista las medias hasta el muslo y adivinas el tanga entre mis piernas.
Me miras fijamente y eso me encanta. Tu polla ya está cobrando vida.


Subo mis pies a los brazos de tu silla. Ahora mismo estoy enfrente de ti, abierta de piernas, sin que puedas moverte.
Mis manos apartan el tanga y del bolso saco un vibrador. Sigues mirándome fijamente, ahora con los ojos mucho más abiertos.
Mi mano aparta mi tanga con destreza.
Pongo el vibrador en marcha, lo acerco a mi coño, lo paseo por mi clítoris.
Me tienes tan cerca! Pero no puedes hacer nada. Ufff, me encanta ver cómo crece tu polla.
Lo paso entre mis labios que se abren, húmedos, y lo voy metiendo poco a poco. Lo muevo dentro de mí.
Están tan guapo así, excitado, impotente, observando como un depredador observa a su presa. Pero ya te he dicho que hoy jugamos con mis reglas.
Sigo moviéndolo. Lo saco. Lo acerco a tu boca, está tan cerca que hueles mi deseo pero justo cuando intentas acercarte, lo aparto y lo lamo yo, mirándote con lascivia, como si quisiera dejarte claro lo que te estás perdiendo.
Tu polla es una roca, tu mirada es felina, tu respiración entrecortada. No dices nada porque sabes que de nada serviría suplicarme que te suelte.
Vuelvo a meterlo dentro de mí pero esta vez lo muevo rápida y certeramente.
Mi pecho se hincha con cada suspiro ahogado que sale de mi garganta.
Los pezones se me marcan a través de la blusa.
Los dedos de mis pies se contraen, mi espalda se arquea, echo la cabeza atrás, me tiembla el abdomen, me corro gimiendo y sin apartar mi vista de ti.
No me hace falta mirar tu polla para saber cómo está.
Me levanto, me acerco a ti, paso mi pezón por tus labios.
Me agacho y sin mediar palabra me meto toda tu polla en la boca, entera. Mis manos cogiendo las tuyas que me presionan en señal de placer. Tus gemidos intentan ser discretos pero no lo consiguen.
Me doy la vuelta. De espaldas a ti, levanto mi falda de nuevo, me siento sobre tu polla. Y cogiéndome con las manos al borde de la mesa, subo y bajo sobre tu polla, con las piernas juntas para hacer el camino más estrecho, más acogedor, más intenso.
Te oigo detrás de mí, te noto duro dentro, el despacho entero huele a sexo.
Me muevo más y más, deprisa, sin parar hasta que noto cómo te corres de forma voluptuosa, desbordante.
Me giro, me agacho y limpio tu polla, relamo las últimas pruebas del placer que reposan sobre tu capullo.
Te suelto las muñecas, te beso en el cuello y te susurro al oído: "Me gusta jugar con mis reglas".

miércoles 2 de diciembre de 2009

Ahora ya no

Cada uno tiene una parte de sí mismo que no enseña a todos. Esa parte vulnerable, esos secretos tan míos, esa debilidad por ciertas cosas. No lo muestro por nada sino porque hay niveles a los que hay que ganarse el acceso.

Y llegaste tú. Con esa carita, ese cuerpecito (o cuerpazo) y esas palabras que suenan tan bien al oído.

Mi parte mala, el demonio que se me pone en el hombro y que siempre acierta(ahora que lo pienso creo que el otro hombro siempre ha estado vacío, nunca he visto al ángel ése bueno, jejeje), diciéndome que eran palabras vacías, que era una fachada, que no me fiara.

Aunque no me fié de tus palabras, en eso le daba la razón a mi demonio, sí que bajé la guardia. Porque te abrías a mí, porque te comportabas conmigo como yo sabía que no eras con otras personas.

Así que abrí un poquito la coraza, te mostré cosas de mí que llevaban tiempo escondidas.
ENORME ERROR.

Porque eras como una sabandija esperando a chuparme la sangre, una persona de ésas que esconde la propia inseguridad a costa de aprovecharse de los demás.

Y ahí empezó todo a ir mal.

Siempre te ha gustado que te vayan detrás.

Que te llamen, que te busquen, que te supliquen.

Yo, en un principio, e ignorando los avisos de mi demonio, me comporté contigo como con todos. Invertí tanto esfuerzo como creí que sería recompensado. Te llamé cuando me apetecía hablar contigo. Y te propuse lo que quería que hiciéramos.


Como ya sabías mis puntos débiles, como ya sabías mis secretos, como ya me tenías ganada, ibas de duro. De arrogante. De pagado de ti mismo.
Cogías el teléfono una de 3 veces, devolvías la llamada una semana más tarde, jugabas a hacerte el interesante.

Sí, estás bueno. Sí, eres majo. Sí, me caes muy bien.

Pero no tanto, chaval.

Ese jueguecito funciona con las media-neurona que conoces en los bares, con las tías que trabajan de dependientas en Bershka, con las que cargan con el complejo de "masocas que buscan un chulo que las haga llorar".

Pero conmigo no. Si lo quieres, aquí está, si no, ahí está la puerta. Otra cosa no, pero tengo las ideas muy claras, sé lo que quiero, cómo y cuándo.
Tuve un momento de poca lucidez, te dí más confianza de la que merecías pero de ahí a volverme ciega, no. Fue un estadio pasajero. Y eso es lo que más parece joderte.

Si hubieras aprovechado, hubieras podido tener casi todo. Estuviste tannnn cerca, lo tocaste con la punta de los dedos, llegaste donde muchos ni siquiera sabían que esa parte era aún un trozo de mí. Pero la cagaste.

Ahora, cuando ya paso, cuando has conseguido serme indiferente (eso es lo peor que te puede pasar conmigo), cuando me he cansado de tus bobadas de niño de guardería, ahora, vuelves.

Porque debe ser que lo normal es que te sigan llamando, persiguiéndote.
Ahora eres tú quien llama. Quien escribe.
Pero no te cojo no porque me quiera hacer la interesante sino porque no me mereces la pena.
No te respondo porque creo que ya te dejé todo claro una vez.
Los juegos del ratón y el gato están bien, pero en la cama.
Y tonterías, las mínimas. Que no tengo ni tiempo ni ganas.

Y como sé que de vez en cuando lees el blog, espero que ya haya quedado todo claro.

Ya te dije una vez que a quien borro de mi lista, no vuelve a entrar.

Que te vaya bonito. Una pena lo que pudo ser y se quedó en agua de borrajas.

domingo 29 de noviembre de 2009

Dúchate conmigo

Dúchate conmigo.

Quiero sentir cómo cae el agua por nuestra piel. Abrir el grifo y que millones de gotas se posen sobre tu epidermis y resbalen por ella.
Mis manos sguirán el camino que marcan las gotas deslizándose por tu cuerpo desde tu cuello y tus hombros hasta tu pecho, tu ombligo, tu pubis, tus huevos, tus muslos, tus rodillas y tus pies.

Déjame que te enjabone como si fueras un niño pequeño. Alternando las caricias de las yemas de mis dedos con el roce furtivo de mis uñas.
Llenaré tu cuerpo de espuma, extenderé el jabón por cada rincón, no olvidaré ninguno.
Y con la mano escurridiza, jugar con tu polla. Ponerla dura poco a poco, en cada movimiento de mi muñeca. No parar hasta tenerte duro, imponente, nervioso.

Si me dejas, te aclararé, con agua caliente, quitándote todo el jabón a la par que mis labios te llenan de húmedos besos. Recorreré tu espalda y rodeándote por detrás, acariciaré tu abdomen mientras mi pecho se aprieta contra tu espalda y mis manos bajan buscando tu polla que no ha perdido aún ni un ápice de la dureza que tenía hace unos minutos.

Luego me enjabonaré para ti. Vas a ver mis pezones duros, mis manos mojadas perdiéndose allí donde suelo mojarme cuando estás cerca. Quiero portarme mal. Pretendo que no puedas evitar observarme y tocarte, acariciarte, para mí, porque sabes que me gusta verte.

Después me giraré, me inclinaré hacia delante y me ofreceré a ti. Con las manos sobre los azulejos de la pared, el culo sobresaliendo, la espalda arqueada y las piernas separadas. Entra en mí, lléname, comparte tu dureza conmigo.

Cógeme fuerte de las caderas, embiste mientras oyes el "chof chof" de la humedad de nuestros cuerpos e inúndame. Deja que tu tibia leche viscosa se derrame en mí. O no, aún mejor, ponme de rodillas y deja que los chorros de deseo aterricen en mi cara y mis labios mientras las rodillas te tiemblan y jadeas excitado.

jueves 26 de noviembre de 2009

Seguro que no vienes?

Si no quieres, no vengas.
No te voy a insistir.

Pero sí voy a decirte lo que te pierdes si no vienes.
Te vas a perder cómo dejo que mi vestido caiga al suelo y cómo deslizo los tirantes de mi sujetador con extrema delicadeza por mis hombros, deleitándome en el tacto de la seda.
Si no vienes no vas a poder ver cómo te miro, esa cara que es una mezcla entre la dulce niña que aparento ser y la pícara putita que me haces que sea.
No voy a poder dedicarte ninguno de mis gestos, enredar mis rizos entre mis dedos mientras te hablo juguetona ni voy a poder morderme el labio.

Dices que no vienes? Seguro?
Entonces no me vas a dejar que me desnude despacio, que me ponga de espaldas a ti y baje mi tanga mientras llega hasta ti el olor a deseo que desprendo.
Ni voy a poder pasarme toda la cena jugando a excitarte, preparándote para que después estés tan cachondo que no me de tiempo a nada antes de que me desnudes con furia y me bebas con el ansia de quien está sediento.

Es una pena que no vengas porque entonces voy a tener las esposas y los demás juguetitos ahí muertos de risa toda la noche. No vas a poder ponerme las esposas, penetrarme mientras uno de los juguetes ocupa el otro sitio libre.

Vale, no vienes.
Así que me echaré en la cama y me tocaré fantaseando con que estás ahí, mirándome, viendo cómo mis dedos se pierden donde el deseo tiene su morada.

Te vas a perder cómo las yemas de mis dedos recorren el contorno de mis tetas y acaban en mis pezones oscuros. Los soplaré con mis labios suavemente para que la brisa los endurezca.
No podrás mirarme desde la distancia y tocarte disfrutando del espectáculo.
Ni acercarte deprisa, en un arrebato y coger mis manos para sustituirlas por alguna parte de ti, la que me quieras dar.

Si no vienes, me dejas con las ganas.

domingo 22 de noviembre de 2009

Mi ginecóloga

Voy a la misma consulta ginecológica desde hace unos cuantos años.

Primero tenía una ginecóloga que tenía complejo de profesora a juzgar por las largas explicaciones que me daba acerca de preguntas que yo no formulaba.

Esa ginecóloga cede/vende/traspasa (lo que sea) la consulta a otra. Una de treinta y pocos mona pero con ser pinta de la empollona de su promoción.


1ª visita:
Entro, se presenta, me dice que es la nueva ginecóloga. Todo normal.
Me inspecciona, lo típico de una consulta ginecológica.
Le comento que tengo un bulto en el pecho desde hace muchos años y que me controlo por si crece. Me dice que me vista de cintura para abajo y me desnude de cintura para arriba.
Salgo, se me queda mirando fijamente las tetas durante un intervalo que se torna incómodo por lo largo y me suelta: "Qué pecho más bonito!". Yo, sin saber muy bien qué decir, sonrío y agradezco el cumplido. Menos mal que me tomo las cosas con humor.

2ª visita:
Entro, se presenta de nuevo, le digo que ya la conozco, que ya he estado otra vez allí.
"Ah, es que viene tanta gente al día..." - se disculpa.
Me inspecciona mientras me habla de la nueva decoración de la consulta.
El mismo procedimiento y cuando me desnudo de cintura para arriba, me mira fugazmente, sonríe y dice: "Ah, ahora ya me acuerdo de ti". Jajajajaja.
Tenía una mirada de deseo que no sabría definir pero que no dejaba lugar a dudas.

4ª visita:
Se empeña en explicarme en la práctica la mejor manera de palparse los pechos. Sus manos repiten el movimiento una y otra vez. Temo que las desgaste por el roce.

6ª visita (hace un par de días):
Me hace una ecografía de la teta derecha para medir el bulto de nuevo. Cada vez que pasa la cosa ésa (no sé cómo se llama) por mi teta su dedo meñique roza mi pezón (no sé si intencionadamente o no) que está durísimo por cierto porque el gel ése que te echan está más frío que recién sacado del congelador.

Próxima visita:
Estoy por proponerle que se suelte la melena y que se apunte a un trío. Jajajaja. Ya sólo nos falta encontrar a uno que nos ponga a las dos y participe. Aunque creo que ella va a estar más ocupada con cierta parte de mi anatomía.

domingo 15 de noviembre de 2009

Otro año

Otro año más. Me añado uno. Eso dice mi DNI al menos desde hace unas semanas.
Y me doy cuenta de que el tiempo pasa muy deprisa. Que hay que aprovecharlo.
Así que me he hecho el propósito de no perderlo.

No quiero perder el tiempo en atascos, ni poner lavadoras, no quiero conversaciones de ascensor para rellenar los minutos, no quiero saber de nada de los que tienen la madurez de un niño de 3 años, no quiero discusiones de guardería.
No quiero ir a actos de compromiso, ni sonreír sin sentirlo.
No más prisas, no más agobios, no más tardes de domingo.
Nunca más una lágrima por quien no lo merece.
Nada de disgustos, paso de agobios en el curro, cero stress.
Quiero borrar los martes y los días nublados. Y los besos que no saben a nada.
Nada de escenitas, de lágrimas de cocodrilo, de palabras vacías aunque suenen muy bien, de tardes esperándote.
No más caras de lunes ni síes que quieren decir no, no más caricias que escuecen la piel.
Quiero olvidarme de tus adulaciones futiles, de sentir la cama vacía aunque no duerma sola, de tus ojos mirándome y mintiéndome con descaro.
No más miel con limón para el dolor de garganta ni polvos que te dejan indiferente.
No quiero hablar con contestadores automáticos ni sufrir por lo que no puedo cambiar.
No consentiré más reproches, no quiero comer acelgas por muy sanas que sean, no quiero madrugones, no quiero torpes en mi cama.


Quiero aprovechar el tiempo. Disfrutarlo.
Quiero besos con sabor a coca-cola. Noches de pasión.
Quiero amaneceres en la playa y reírme con quien merece la pena.
Prefiero invertir el tiempo en perderme en callejones de ciudades que llevarán siempre tu nombre, sentir frío en la cara y calor en el cuerpo.
Beber champagne mientras me desnudas despacio y mirarte cuando explotes dentro de mí.
Compraré acciones de la playa que no quiero que nadie descubra porque es tuya y mía.
Quiero cumplir mis fantasías, que los sueños dejen de serlo porque se han hecho realidad, quiero caricias furtivas, sexo desenfrenado, días en una cama donde el tiempo se mida en orgasmos.
Me pido ser feliz, despertarme contigo y que no haya nubes, paseos bajo la lluvia, noches interminables, poder siempre elegir y decidir lo que yo quiero.

Deseo hacer un trío, probar nuevas experiencias, jugar con la arena entre mis pies y fumar un cigarro en la ventana de noche mientras oigo la ciudad en paz, dormida, llena de luces.
De regalo, un reloj que se pare cuando estoy a gusto, cuando las sábanas son el único testigo mudo de nuestros cuerpos enzarzados, que corra cuando esté deseando verte y que no exista cuando me haces reír o gemir.
Quiero viajar allí donde nunca imaginé que podría ir, darme baños con espuma y que me den masajes relajantes.
Anhelo vaciar la lista de cosas pendientes de probar y llenarla de nuevo de otras que sean un nuevo reto.
Quiero llenarme la nariz del olor del verano mientras tomo una copa en una terraza bien acompañada. Pasar de lo que dicen y hacer lo que me apetece.
Jugar con la nieve, llorar de risa, estremecerme con tus caricias, temblar con tu polla, saborear tu leche, cabalgar sobre ti durante horas mientras la ciudad duerme, perderme en sitios prohibidos para disfrutar de placeres robados.

Sobre todo, disfrutar cada segundo, no perder ni uno, vivir el presente, sentir cada momento como irrepetible y no desperdiciar ni un minuto en tonterías.
No vivir momentos inolvidables sino hacer que cada momento lo sea.





martes 10 de noviembre de 2009

En silencio

Es la hora de las pérdidas. De los desmembramientos.
Del último bar hemos salido 10. 8 íbamos a ir al bar siguiente pero sólo 6 nos hemos puesto en camino. Quedamos 5 porque uno se ha quedado hablando con una conocida. Hacemos una cola que parece que en el bar regalaran las copas y perdemos a otro más en la entrada. Entramos 4 del grupo inicial de 10.

La música está altísima. Yo tengo poca voz ya a estas horas. Me pido la que de verdad espero que sea la última copa. Me río, escucho, hablo poco. Lo estoy pasando bien. Muy bien.

Voy al servicio. Veo los estragos de la falta de sueño en mi cara. Pero aún así los ojos me brillan, destellan, muestran lo feliz que soy. Porque lo del otro día no cuenta, porque es mejor olvidarse lo antes posible de según qué cosas...Así que me miro y a pesar del cansancio luchando por colarse en mi rostro e instalarse allí, mis ojos desmienten lo obvio y brillan con luz propia. Me gusto y me gusta lo que transmiten mis ojos.

Por un momento, soy consciente de lo patético de la situación. Estoy en un bar bien entrada la noche, mirándome en el espejo del baño de tías fascinada por el brillo de mis ojos...jajajajaja.Qué malo es el alcohol!

Salgo del baño aún sonriendo. Giro la cabeza a la derecha y allí está. Plantado como un Adonis con la espalda apoyada en la pared. Estoy tan cerca de él que nuestros brazos casi se rozan. Y me mira. Juego su juego, no retiro la mirada. Sonreímos a la vez.
El momento tiene magia. Temo que salga su novia del baño y nos corte el rollo.

Me alejo un poco, voy hacia la barra donde están mis amigos. Intento no pensar en su mirada aún abrasándome por dentro. Giro la cabeza y me sigue mirando.
No sé si me está echando un pulso, no sé si pretende jugar a ver quién toma la iniciativa, pero no me apetece esperar.
Desando el camino hacia él. Me acerco a su oído para no tener que forzar la voz mientras poso mi mano en su hombro y dejo que mi pecho le roce fugazmente. "Qué guapo eres, no?".
Sonríe echando la cabeza hacia atrás, dejando indefenso el cuello que tanto me gustaría morder ahora mismo.

La verdad, ahora que lo pienso, no sé si se le podría definir como guapo. Era muy atractivo, era interesante, tenía una mirada profunda y un cuerpo fibroso pero no entraba en el canon al uso de guapo.

Me acabo la que iba a ser la última copa hablando con él. Me tomo la que definitivamente va a ser la última, eso seguro, lo prometo.
Mientras pedimos la última, me coloco detrás y me fijo en su culo. Mmm.

Sus brazos me rodean, sus labios inician una danza sobre mi cuello. Se me eriza el vello.

Entre sorbos de alcohol y miradas que dicen todo sin abrir la boca, me estoy poniendo muy cachonda. Mis manos se pierden un momento debajo de su camiseta, rozo los músculos duros de su abdomen, sus manos me sujetan y rodean allá donde se acaba la cintura y empieza la curva de mi culo.

La copa está fría por fuera. Dentro yacen los hielos derretidos por el fuego que emanamos. Pasa sus dedos por el frío cristal y los desliza de mi cuello al nacimiento de mi escote. Ardo por dentro en un fuego que me impele a no esperar más.


Nos ponemos las cazadoras. Salimos del bar. En la primera calle donde reina la oscuridad doblo y apoyándole sobre un coche le como a besos. Froto mi ingle con la suya, siento sus gemidos suaves. Los besos se tornan más lascivos, más sucios, más intensos.

De mis entrañas mana humedad. Rozo el orgasmo allí, de pie, mientras sus manos acarician mis más que duros pezones sobre la ropa. Me está volviendo loca.

Nos montamos en un taxi. No puedo dejar de acariciar su polla sobre el pantalón. Guardo la compostura para no abrir la cremallera y dar rienda suelta a mis más bajos instintos.

Subimos. Sólo hay una condición: no podemos hacer ruido, no vive solo.
Me quito los zapatos. Entramos discretos pero en cada rincón del pasillo paramos para besarnos y meternos mano como dos adolescentes que saben que queda poco para probarse, para sorber el placer del otro.

Cerramos la puerta de la habitación. Nos falta tiempo para quitarnos la ropa.
No estamos cachondos, estamos en un nivel superior. Estoy tan puta que cada roce me estremece. Las hormonas bailan al son de sus dedos. Me mojo más cuando me mira. Se me endurecen los pezones cuando le veo así de cachondo.

Tiene su morbo no poder hablar, no poder decir nada, no poder gemir a pesar de desearlo, a pesar del jadeo que nace en mis entrañas y se apaga irremediablemente cuando llega a la punta de mi lengua. Nos excitamos con miradas, con gestos, con el cuerpo. Los ojos hablan por nosotros. Tenemos un lenguaje propio. Entornar los ojos, abrirlos desmesuradamente, dejar caer los párpados, respirar hondo hinchando el pecho, morderse el labio, resoplar sin ruido, una mirada profunda y directa, todo eso conforma el idioma en el que nos transmitimos sensaciones.

El ansia nos corroe pero él consigue la mezcla perfecta de delicadeza y emputecimiento. Me muerdo el brazo para no gemir porque sus caricias en mis tetas me van a provocar un orgasmo. He llegado a tal punto de excitación que no necesito que me toque más allá.
El cabrón lo sabe. Y para. Me deja de nuevo como en el callejón, al borde de un orgasmo que parece que no va a llegar nunca porque él consigue siempre alejarlo distrayéndome con otra cosa.

Cojo su polla. Está durísima. Firme. Noto cómo la sangre corre por la vena que la recorre. El capullo reluce con las primeras gotas que se escapan. Quiero probarla, empacharme de ella. Le tumbo en la cama y saco todo lo que llevo acumulado. No me veo pero imagino mi cara, puro reflejo de la lascivia que me invade. Paseo mi lengua por su capullo, despacio, ahora te toca sufrir a ti. La ensalivo, me gusta cuando se desliza con facilidad, relamo, chupo, succiono, pongo mi lengua dura y la muevo con rapidez sobre la zona donde se une el capullo y la piel que sube y baja. La engullo profundamente, muevo la cabeza, no dejo de mirarle. No puede decir nada pero aprieta los puños y tensa el cuerpo mientras su cabeza cae hacia un lado y suspira. Mmmm.

Se incorpora y me tumba junto a él. Me susurra al oído: "ahora te vas a enterar...que sepas que lo que más me gusta en el mundo es comer el coño". Ole, ole y ole!
Tú mismo...soy toda tuya.
No se conforma con provocarme un orgasmo. Quiere dos. Y yo me dejo en el brazo la marca de mis dientes para amortiguar los gritos que luchan por salir de mi boca y extenderse por el vecindario.

Luego, aún con la neblina en mis ojos del ultimo orgasmo, aún con la piel de gallina y aún con el cuerpo tembloroso, me sienta sobre él, coloco mis manos sobre su pecho y me muevo, a veces en círculos, a veces arriba y abajo, a veces atrás y hacia delante hasta que me recorre de nuevo una oleada de placer que me deja por unos segundos sin aliento, sin fuerzas. Pero me sigo moviendo porque sus ojos me lo piden, porque su polla dentro de mí me dice que quiere más, que no pare, así que mis caderas obedecen, impulsan de nuevo mi cuerpo y acabamos en un orgasmo casi a la vez. No podemos gemir, no podemos jadear pero eso creo que sólo consigue que la tensión que no podemos expulsar en forma de voz se transforme en un placer aún mayor. Todas las terminaciones nerviosas de mi coño notan sus palpitaciones. Él me mira con esa cara tierna de niño satisfecho que a veces queda después de tanto deseo reprimido durante horas. Fuera es de día pero no tengo ninguna prisa por irme. Aún no.

jueves 5 de noviembre de 2009

Busco inquilino

(Leí el otro día que ahora se ha puesto de moda el sexo a cambio del alquiler. Un inquilino que ofrece sexo a cambio de no pagar el alquiler, no es mala idea así que aquí va mi anuncio, jajaja).

Ofrezco:
Piso de 110 m2, luminoso, céntrico. Habitación amplia con vistas a un jardín. Amueblado o sin amueblar a elección del inquilino. Asistento que se ocupa de la limpieza y plancha. Calefacción individual, salón con chimenea, bien comunicado, tranquilo y con plaza de garaje.
Incluidos gastos de comunidad, agua, luz, teléfono e internet a mi cargo.

Busco:
Inquilino con buena apariencia, de no más de 35 años. Que le gusten los animales.
Dispuesto a compensar el precio del alquiler con noches de sexo.
Se pide dilatada experiencia en el sexo oral y sería conveniente que tuviera una lengua fuerte e incansable capaz de hacer piruetas en forma de placer.
No debe acostarse demasiado pronto y ser activo sexualmente por las noches.
Es imprescindible tener dedos hábiles y rápidos, estar dispuesto a cambiar el rol y dejarse hacer o tomar la iniciativa según el día y el humor de la propietaria del piso y disponer al menos de 15 cms de lujuria.
Sin ser imprescindible, se consideraría como plus que supiera dar masajes y tuviera conocimientos del sexo tántrico.
Se hace especial mención a pesar de la obviedad que ha de ser alguien con un alto potencial sexual, experiencia, pasión por el morbo, una desbordante imaginación y que aguante al menos dos asaltos.

El contrato incluiría 2-3 sesiones semanales de sexo sin compromiso. Se establecería un examen previo de admisión al inquilino y un periodo de prueba de una semana superada la cual el contrato sería por el plazo de un año automáticamente renovable si media acuerdo de ambas partes.
Todos los demás extremos serían negociables.
Si el inquilino tiene pareja, se podría estudiar la realización de un trío sin perjuicio de que la arrendataria tenga prioridad absoluta en los días establecidos, en los coloquialmente llamados "días de pago de alquiler".

Y bueno, el que esté interesado que envíe CV. Jajaja.

viernes 30 de octubre de 2009

Profesiones

Una vez estuve con un bombero.
3 minutos de calentamiento, un polvo de dos golpes de cadera.
Pensé: "bueno, esto ha sido un simulacro, ahora vendrá a apagar el fuego". Pero nada.

Luego estuve con un abogado.
Bajó, inspeccionó el terreno, un par de lametones en la ingle y a otra cosa.
Pensé: "ésta es la fase preparatoria para el juicio oral que vendrá después..." Pero nada.

Después estuve con uno que le gustaba cazar.
Mucho ruido y pocas nueces.
Pensé: "esto han sido sólo unas balas de fogueo pero ahora viene el disparo certero". Nada.

También estuve con un pintor.
No se corría ni a la de 3.
Pensé: "tiene la brocha en remojo pero luego vendrá la manita de pintura". Pues no.

Además estuve con un informático.
Después de un polvo record de medio segundo, prometió que enseguida follábamos de nuevo.
Pensé: "está actualizando pero enseguida se vuelve a cargar la página de inicio". Resultó que no.

Estuve una época que no follaba con bomberos ni abogados ni gente que cazara ni pintores ni informáticos ni entrenadores ni economistas, ni arquitectos ni estudiantes, ni militares ni...

Hasta que de pronto descubrí que no, que no tenía que ver con la profesión. Que tiene que ver con la torpeza de algunos para el sexo. Y me he quitado un peso de encima.