martes, 10 de julio de 2012

El bar de moda

- Vamos a un bar que estuve el otro día con las de mi curro y que está fenomenal. - dice mi amiga. 

Una ciudad con 5 millones de habitantes. Casi otros tantos bares. Y resulta que o bien se ha corrido la voz, o este bar está de moda o las casualidades del destino me están tendiendo una trampa. 

Entramos. En la esquina de la derecha reconozco a mi compañero de cama de hace unos días con sus amigos. Hoy he salido con mis amigas así que me hago la despistada porque no me apetece explicar quién es y qué relación me une con él. Al acercarnos a la barra, descubro que estamos a punto de ubicarnos al lado de otro de mis amantes con su flamante novia que me reconoce y para disimular me pone cara de "por-favor-por-favor-que-nadie-note-que-nos-conocemos" como si esperara que me fuera a tirar a sus brazos con un "darling-te-echo-de-menos" así que convenzo al grupo para buscar otro sitio donde pedir las copas. 
Pero vamos a ver, ¿no habrá bares en Madrid como para que me tenga que encontrar en este reducido espacio a dos íntimos conocidos?. 


- Tía, ése del fondo, menudo ficha te ha hecho. 


Ya, es que su polla y yo somos íntimas. - pienso pero no lo digo. En vez de eso digo: 
- Ni idea. 


El móvil no para de iluminarse con whatsapps. 
"Qué casualidad!! Me has visto? Estoy al lado de la puerta en el mismo bar que tú". - me escribe el que está con sus colegas
"Ya, ya, pero paso de hacer macropresentaciones grupales. Tú y yo congeniamos mejor en la intimidad". 

Bip bip. "Qué fuerte! Tía, que no note mi novia que me conoces, por favor".- me escribe el de la novia. 
"Tranqui que no quiero tirarme de los pelos con ninguna novia despechada". 


Mis amigas: "Quién te escribe tanto?"-me dicen. 
- Nada, es que este bar está muy concurrido. Jaja-digo con sonrisa cómplice.

- ¿Nos pedimos otra copa? - dice mi amiga.
- No, no, mejor vamos a otro bar que no esté tan de moda, anda. 
- Jaja, pero qué putón estás hecha!!. Vamos a otro bar. 

Y nos fuimos a otros bar con la correspondiente tanda de mensajes de "me daba morbo que estuvieras aquí aunque no hiciéramos nada" y el otro que decía: "Si te quedas por la zona, pásate luego por mi casa que ya sabes la dirección y yo en un rato me voy para allá". Y a este último mensaje no me pude resistir, jeje. 


- Os ha molado el bar entonces o no? - dice la que ha tenido la idea de ir.
- Puff, pues si te digo la verdad, yo prefiero los bares anónimos donde no me encuentro a nadie conocido. Jaja

miércoles, 20 de junio de 2012

Necesito tu lengua

¿Sabes qué me pierde? 


Me encanta verte disfrutar. Nada me pone más que provocarte placer, que esos gemidos que escapan de tu boca. Saber que te gusta, que te pongo, que te hago perder los papeles, me excita hasta límites indescriptibles. Me pone muy cerda, muy zorra. 


Pero a ratos soy una egoísta. Alcanzo tal límite de excitación que no puedo más. Aunque lo intente. No puedo pensar en otra cosa que no sea saciar mi deseo. Apagarlo. O al menos, reducirlo a cenizas porque el deseo siempre sigue latente. 


Es entonces cuando mis manos sujetan tu cara entre mis manos y con un hilo de voz suplicante, ronco, fruto del vehemente deseo que me enajena, te miro fijamente con los ojos brillantes y pido, o más bien ordeno o quizá sea sólo un ruego: "Necesito tu lengua". 
Y el verbo necesitar no es una hipérbole, refleja a la perfección lo que siento; siento que muero si tu lengua no me proporciona un orgasmo. 


En ese estado de excitación, verte sumiso, entregado, dispuesto a satisfacer mi deseo. Esa fugaz sonrisa con la que aceptas mi súplica. La prontitud con la que te diriges a mi coño y que yo interpreto como que tú también disfrutas dándome placer, me hace estremecer.


Te pierdes. Tu lengua comienza su recorrido. Los pezones se me erizan. Los gemidos me salen a borbotones, no puedo pararlos. 
La espalda se me arquea. 
En este momento soy egoísta porque sólo existe tu lengua y mi clítoris. 
Si el paraíso terrenal existe, está ubicado aquí, en la constelación de mis labios, mi clítoris, mi humedad y tu lengua.


Cuando lo haces como si te fuera la vida en ello, dejándome sentir que te encanta hacerme disfrutar, transmitiéndome el deseo en forma de espirales sobre mi coño, entonces sí que pierdo la cordura. 


No puedo evitar sujetar tu cabeza, frotarme contra ti, buscar el orgasmo enardecida y verterme en tu boca, mojando la comisura de tus labios, tu barbilla mientras mis manos no pueden dejar de sujetar con firmeza tu cabeza, impidiendo que te vayas, que te alejes, que me robes ni un milisegundo de mi placer. 


Y tú te dejas hacer y yo muero de gusto. 


En ese momento te incorporas, tu barbilla brillante de mis jugos, tu boca buscando la mía, tu polla muy dura porque nada te pone más que hacer disfrutar, entonces sí que soy tuya. Me has ganado. Y como ya se me ha pasado el egoísmo y nada deseo más que devolverte una parte del placer sentido, prepárate para disfrutar.


miércoles, 13 de junio de 2012

Asexualidad

Leo que hay una corriente cada vez mayor de gente asexual. Gente que no por ninguna disfunción sino por convencimiento y decisión personal, se denominan asexuales. No practican sexo. No lo echan de menos. No quieren tenerlo. 

No saben cómo es un día de trabajo estresante en el que nadie consigue quitarte esa sonrisa de la cara porque tú vienes bien follada. 

No conocen la sensación de estar húmeda y sentarte obre una polla durísima. Notar cómo tu cuerpo se abre, como si se partiera en dos de placer. 

No echan de menos que una habitación entera huela a sexo. Que las sábanas tengan ese olor dulzón y penetrante que te hace despertarte uans horas más tarde con ganas de repetir. 

Renuncian a tener una polla en la boca y sentirte la puta diosa del mundo oyendo los gemidos de su dueño que se convierten en jadeos cuando su placer rebosa sus entrañas y su leche caliente te rebosa a ti de los labios. 

Nunca perderán el control de sí mismas mientras aprietan las piernas atrapando entre ellas una cabeza que sujetan con las manos intentando alargar un orgasmo que te deja temblorosa. 

No sentirán la imperiosa necesidad que viene impuesta por una creciente humedad en la entrepierna que te impele a follar.  

Nadie les oirá nunca gritar de placer. No les retumbaran en los oídos los jadeos de otro.

Nunca disfrutarán del sexo sucio, guarro, de sentir que no hay barreras, no hay límites, no hay nada que no puedas hacer. 

No sabrán cómo es compartir un rato con alguien que te roza y te pone la piel de gallina y los pezones duros y sensibles. 

No se verán recompensados por la mirada de morbo y agradecimientos de otra persona a la que acabas de dar un orgasmo. 

Nunca fumarán después de un orgasmo. 

No acariciarán una piel perlada de sudor. Las yemas de sus dedos no conocerán el tacto de un músculo endurecido de placer. Sus ojos nunca verán el placer extremo a escasos centímetros. 

No saben lo que es compartir momentos así. 

No seré yo quien les juzgue, es su decisión y es tan respetable como otra cualquiera. 
Pero eso sí, conmigo no cuenten. 


Estoy deseando perderme en una cama, sudar las sábanas, mojarlas con mi humedad, gemir, sentir el mundo a mis pies en el orgasmo, disfrutar dando placer, perder el control, emputecerme cuando saboree su orgasmo, sentir los pezones al límite y reírme después fumando un cigarro mientras pienso que hay gente que renuncia a todo ello. 

miércoles, 6 de junio de 2012

Infidelidad

No seré yo quien diga a los demás según qué principios han de vivir su vida. 
Por eso a mí no me importa si alguien que conozco es soltero, con pareja, o amante de los pepinillos en vinagre.
Pero los casados me dan mal rollo. No porque crea que moralmente sea más o menos deplorable lo que hacen. 
Es más una cuestión de a quién me llevo por delante si algo va mal. 

A Luis le conocía hace mucho tiempo. Durante el tiempo que hemos ido conociéndonos, guarreando, jugando a provocarnos, cogiéndonos un cariño inmenso que iba mucho más allá que el puro sexo que nos unió al principio, nuestras vidas han ido cambiando, como es natural. 
Él sentó la cabeza, se echó novia, se casó, tuvo un hijo. 

Quizá yo me hubiera comportado de otra manera si le hubiera conocido ahora. Durante este tiempo he tenido tentaciones de dejarlo correr, de no seguir provocando una situación que a los dos nos encanta pero que podría traerle problemas. 
Pero no lo hemos hecho. Hemos mantenido el contacto durante todo este tiempo porque nos tenemos cariño aparte del hecho de que haya entre nosotros una sexualidad siempre latente. 

Ahora ha pasado lo que nunca debió pasar. Su mujer sabe algo. No sé cuánto ni cómo ni por qué. 
En esta historia yo sólo soy una parte, ni siquiera la más afectada. Pero me siento fatal. Me siento culpable. Me remuerde saber que aunque sigan juntos, ese niño crezca en un ambiente enrarecido porque sus padres discuten. 

En este triángulo, yo nunca mentí. Jugué siempre con las cartas levantadas. No creo que mi papel debiera ser el de policía de la moral. ¿O he de renunciar a algo que me gusta porque la persona con la que disfruto tiene un compromiso que adquirió sin que yo me viera involucrada en él?
En teoría, sobre el papel, no. Sería un poco tonto por mi parte renunciar a un placer por respeto a alguien que ni conozco. 
Pero ahora, a posteriori, pienso en la de problemas que nos habríamos ahorrado... me siento mal. 

Mi opinión personal sobre la infidelidad, sobre por qué se pierde uno en camas que no son la suya...no viene ahora a cuento. Tampoco juega un papel aquí porque no soy yo quien he de perdonar una mentira sino ella.

A Luis sólo le deseo que corte la amistad conmigo pero que no pierda el resto. Porque le aprecio de verdad. Y es buena gente. Y no se merece otra cosa. 
Así que un hasta siempre.

martes, 15 de mayo de 2012

Reloj de sol

Me asombra lo pequeño que puede ser el mundo.
Y las casualidades.

Le conocí un verano en la playa. Fue uno de los veranos más desfasados de mi vida. Y empezó a ser morboso cuando apareció él.
Le llamabámos el reloj de sol porque el bulto de su bañador hacía sombra en la arena según de donde alumbrara el sol.
3 o 4 noches de sexo. Olor a mar, sabor a sal, sus rizos dorados y los mofletes coloreados por el sol. Una habitación pequeña, mucho calor, cuerpos sudados, gemidos ahogados. Mmm.

Ni siquiera nos dimos los teléfonos (creo que de aquella yo no tenía ni móvil) y todo quedó como un recuerdo de verano.

Casi 10 años después, a miles de kilómetros de donde nos conocimos, entró en una reunión de trabajo y veo a alguien que me suena, que me mira fijamente y pienso que está para comérselo entero con ese traje y esa carita pícara.
Pero no consigo ubicarle.
Al final de la reunión, se acerca a mí y me pregunta si le recuerdo. Le digo que no consigo ubicarle. Y me dice su nombre. Me quedo igual porque soy malísima para los nombres. Me refresca la memoria, el lugar donde nos conocimos, etc.
Fumando, solos, me susurra que a él no se le ha olvidado lo bien que se lo pasó ni lo que le gustaba mi boca.
Ahí queda la cosa, las circunstancias, el momento no eran los mejores. No pasa más y nos perdemos la pista de nuevo.

Si ya es difícil coincidir una vez en la vida,dos ni te cuento. 

Así que cuando me lo encuentro otra vez en un evento relacionado con el trabajo...me he quedado alucinada. Porque esta vez sí que sabía quién era. 
Roto el hielo, me ha invitado a cenar. 
Aunque yo he ido a la cena pensando en el postre, se ha comportado toda la cena simplemente como un buen amigo. Amable, divertido, atento. Nada más. He buscado en sus ojos el brillo de entonces, he intentado desviar la conversación pero no ha habido manera. 
Más tarde me ha contado que no quería lanzarse como la otra vez que no cuajó. Pero después de la cena, yo estaba desconcertada, un poco decepcionada por la situación. 

Hasta que él me ha cogido de la cintura y me ha mirado. Y le volvían a brillar los ojos y no sé si me gusta más en bañador o en traje. 
- Creías que te ibas a volver a escapar?
Esta vez los besos no sabían a sal. Pero seguían sabiendo a gloria. 
El buen vino mejora con el tiempo. 

 



viernes, 11 de mayo de 2012

La imagen

Acabo de volver. Quizá me baile alguna letra. Es que los jueves me encanta salir. Para mi gusto sigue siendo el mejor día. Aunque he de decir que no le hago ascos a ninguno de los demás. Jajaja.

Mañana trabajo. Pero me da igual, al menos ahora mismo.

He estado de cañas, luego de picoteo, luego de copas, aprovechando el buen tiempo que ha hecho hoy. Me he juntado con el grupo calavera (es que luego tengo el otro grupo de amigos, el de los que han sentado la cabeza y sólo hablan de trabajo, de hipotecas, de niños, de frustraciones y temas así como muy serios). 

Y yo no sé si la primavera la sangre altera pero ha habido casi un sólo tema de conversación. El más interesante, eso sí.

En todo caso, durante toda la tarde-noche no he podido quitarme una idea de la cabeza. He participado de las risas, he bebido más de lo que hubiera querido, he estado allí. Pero en realidad mi mente estaba siempre en otro lado. 

Porque mi imaginación se ha desatado esta tarde y no podía quitarme de la mente esa imagen. 
Ese brazo fibroso, moldeado que se muestra en tensión tocando la guitarra. Y de esa inocente imagen inicial, mi cerebro ha activado una serie de correlaciones que me han llevado a obsesionarme con ver ese brazo en tensión pero en otro contexto. Verlo así mientras la mano se desliza rápidamente arriba y abajo y se oye ese "zas zas".

Tiendo a obsesionarme con imágenes que no consigo sacar de mi mente. Hoy ha sido así. 

Por eso  hoy he bebido para no pensar. Entonces he pensado aún más. En la suerte que tengo y en cómo puede explicarse que sientas que alguien quiere lo mismo que tú y de la misma manera habiendo tantos millones de personas en el mundo. ¿Tiene que ver con que muchos queremos lo mismo? ¿O con qué a veces tienes la suerte de coincidir con alguien que piensa igual que tú? (Y no, no hablo de amor cuando quiero decir sexo. Hablo de sexo)
Sea por lo que sea, la cuestión es que no podía deshacerme de la imagen. Al principio rodando en mi mente sola. Luego aderezada con más imágenes alrededor.  La segunda mitad de la noche aderezada con una incipiente humedad que trascendía el borde de mi copa y se encontraba mágicamente debajo de mi falda. 


Pero aún tengo que esperar para que la imagen se haga realidad. Y soy impaciente. Odio la espera, el retardo innecesario del placer. Si juntas dos imanes que se atraen y encima el aliciente del placer les impele a pelear por ser quien más deseo incite al otro, ufff, entonces no hay quien los separe. Y yo, yo quiero imantarme a su lengua, pegarme a su cuerpo, absorber su energía en forma de orgasmos. 

Quiero pero tengo que esperar. Maldita espera. 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Venecia

Acabo de volver de puente y ya estoy deseando volverme a ir.
Será porque he tenido un día horrible. O porque el puente me ha gustado tanto.

La sensación de cruzar los Alpes en coche y sentirte tan tan pequeñita, tan insignificante en comparación. Indescriptible.

Sentir los primeros rayos de sol del año, volver al trabajo morenita, leer un libro tumbada en una hamaca mientras la piel me arde al sol. Un placer.

Montar en bici, estar a punto de matarme y aún así sobrevivir, dar un paseo en una lanchita a motor en un lago precioso al atardecer. Divertido.

Descubrir que la gasolina en Italia cuesta casi 2 euros por litro. ¿Quién lo iba a pensar?

Tener una ducha de hidromasaje con un espejo dentro y querer pasar allí el día. Lujo.

Comprarme un bolso italiano del que me enamoré al verlo en el escaparate. Un despilfarro.

Y Venecia. Perderse en esas calles estrechas, leer la historia que cuentan esos edificios de fachadas desconchadas y esos recovecos que guardan los momentos que vivieron otros. Impresionante.

Yo no soy romántica pero un beso en Venecia sabe distinto. Especial.

Cenar en una trattoria típica y terminar con un tiramisú. Delicioso.

Pero de todo ello, sólo hay una cosa que no me puedo quitar de la cabeza. Un beso especial desecandena una especie de fogonazo, un pistoletazo de salida tras el cual mi cuerpo activa el modo vicioso.
Morirme de ganas de gastar toda mi saliva contigo pero saber que tengo que esperar. Y precisamente eso es lo que me hace tener más ganas.
La luz de Venecia te sienta bien. Te hace irresistible. Y espero, espero, espero más. Me paso todo el día disfrutando de Venecia pero deseando perderme en el mapa de tu cuerpo.
Te provoco, me provocas, nos imponemos esperar. A ratos creo que el deseo va a ser más fuerte que yo. Porque me da la impresión de que no puedo más, de que en el siguiente paso me voy a correr sin tocarme, sin que me toques, sólo mirando cómo caminas y recreando cómo se mueven esas caderas cuando te despojas de la ropa. ¿Será Venecia o estoy muy zorra?
Hasta que por fin, cerramos la puerta, sólo estamos tú y yo y el vicio. Joder, el vicio lo ocupa todo. Me tiras en la cama, subes mi falda, apartas mi ropa interior a un lado y me torturas. Una dulce tortura porque podría desparramar mi placer en tu boca en cada roce de tu lengua pero sabes cómo evitarlo, cómo alargar el placer. Ni siquiera puedo gritar porque ahora mismo floto, me veo como desde arriba, como si estuviera fuera de mi cuerpo. Me encantaría esperar un poco más. Total, ya, ¿qué más da?. Sin embargo, mis manos te cogen, mi pelvis  no quiere estar quieta,el orgasmo me inunda como un tsunami, es intenso, es larguísimo, es espectacular.
Cuando vuelvo en mí, me miras encendido, con esa mirada que me eriza la piel. No puedes más, se te nota en la cara. Me colocas de rodillas, frente a ti. Descargas la lascivia que hemos ido acumulando, me regalas tu deseo en forma de calientes gotas, rápidos y abundantes chorros de leche que me resbalan por las mejillas. Y te oigo suspirar, como aliviado después de dar rienda suelta al deseo y miro por la ventana y veo Italia y me siento muy puta y me encanta desearte así.
Esto último, es indescriptible, es un placer, es divertido, es un lujo, es un despilfarro de lascivia, es delicioso, es impresionante, es especial. Mmm, lo que daría por no haber salido de aquella habitación!.





lunes, 16 de abril de 2012

Peter Pan

No saco tiempo para escribir.
Porque tengo la mente en otras cosas. Y me faltan horas al día.

Quizá también porque no me ha gustado nunca ver mi vida pasar desde la ventanilla de un tren sino que prefiero bajarme en todas las estaciones y exprimir las sensaciones, vivir cada momento, involucrarme en lo que pasa.
En definitiva, vivir. No que me lo cuenten. 


Dice un amigo que tengo el síndrome de Peter Pan. Porque según él, maduro pero me resisto a atenerme a las pautas establecidas. A mi alrededor hay quien "madura" entendiendo que eso implica establecerse, amoldarse, acomodarse, resignarse, encogerse y hacer malabarismos para caber en un cajón estrechito que alguien inventó para ti. Como si la vida fueran etapas que hay que ir completando para llenar el expediente.
Y a mí eso no me apetece. Tengo más años, sí, pero en muchos sentidos sigo sintiéndome igual que antes.
No sé si eso es un síndrome o un estilo de vida. Sólo sé que estoy muy contenta con mi forma de vivir. No la quiero cambiar.

Últimamente además se han juntado una serie de cosas (no todas necesariamente buenas) que no me han dejado descansar.

Pero aquí estoy de nuevo. Espero que sea para quedarme.
Tengo que ponerme al día porque he estado una temporada sin pasar y resulta que Princesa se ha separado, Tom está tan perdido como yo, Jauroles vive con Lunar, Marina
parece que se ha enamorado, Torrevientos ya no son dos mitades sino sólo una, De Paseo por la vida está perezosa para escribir, La Tinta y El Tintero sigue melancólico, Hyku tiene aún su particular forma de humor y La niña mala, ella sigue como siempre. 
Aún tengo que pasar a visitar a Xana, Skorphio...

lunes, 14 de noviembre de 2011

Excusas

No me gustan las excusas. Ni las explicaciones sin venir a cuento. Ni las historias con tufo a mala conciencia.
Y no me gustan porque no las busco ni las pido ni las doy.

"Yo quería, pero...".
Si querías y no pudiste por alguna razón de peso, no pudo ser y punto. La próxima vez será.
Si no te apeteció, no te apeteció. Sin excusas porque aquí nadie es dueño de nadie y nadie te reprocha que no te apetezca.
El hecho de no habernos visto no cambia en función de por qué no quedamos. 

Y ni yo pregunto ni espero que tú me lo cuentes.
Pero esos mensajes, mails y similares, me matan.
Me recuerdan a cuando era pequeña y faltaba al colegio y tu madre o tu padre tenía que escribirte un justificante que llamaban mis monjas.
"Susurros no ha podido asistir a clase el martes 01.10.1988 por encontrarse enferma. Firmado: Madre de Susurros".

Y además es que no sé qué contestar.
Me quedo siempre con la impresión de que una tarde-noche que podía haber sido morbosa, sugerente, divertida, graciosa, excitante...pierde la magia en un maremagnum de excusas forzadas que le quitan la gracia al asunto.
Mejor me llamas cuando me quieras contar que sí puedes verme, que piensas emputecerme y me mandas una de esas fotos tuyas que tanto me gustan. Eso sí me anima el día. Mmm.

martes, 8 de noviembre de 2011

Sexo casposo

[No es que pase nada. Si el día tuviera 25 horas, me seguiría faltando tiempo pero al menos podría escribir algo en el blog de vez en cuando.]

Leo en el periódico que los universitarios invitan a copas para conseguir que las tías follen con ellos. 
Y que en el fondo lo hacen porque las tías que beben suelen ser más promiscuas. 

Pero ¿en qué mundo vivimos?. Y sobre todo, ¿de dónde sacan algunos ese concepto tan extraño, tan casposo y tan aburrido del sexo?

A mí no me gusta que me inviten como si fuera una damisela mantenida. Y quizá no me guste precisamente por ese concepto que subyace detrás, ese "si te invito, me debes algo". Yo invito cuando quiero invitar, no cuando quiero que me deban algo a cambio. 

Luego están las universitarias que se dejan invitar. Si desde el principio quieren follar, dejarse invitar (ya de paso) es cara dura. Si no quieren follar, barato se venden por un par de copas. 
Y ¿desde cuándo hay que convencer a alguien paraque quiera tener sexo contigo? ¿Por qué muchas chicas parece que tienes que "liarlas" para que quieran sexo? 

Yo también he sido universitaria, también he salido con pocas pelas pero eso sí, siempre he tenido claro con quién quería y con quién no quería follar. 
Y no porque me invitaran o no lo hicieran (que no lo hacían porque yo no me dejaba) sino porque sentía algo entre las piernas que no se puede comprar. Ni pagar con dinero. Esas ganas que te llenan, ese ardor que te inunda. Tu cerebro recreando situaciones que te encantaría que pasaran, imágenes que harían ruborizarse a muchos casposos del sexo. ¿Se puede convencer a alguien para sentir eso?. No, definitivamente no. 

Las tías que beben son más promiscuas. No es eso, lo que pasa es que muchas son demasiado pavas y mojigatas para hacer lo que les apetece y usan el alcohol como la excusa de "había bebido mucho y me desmelené". No, guapa, lo que pasa es que el alcohol te dió la oportunidad de hacer lo que siempre piensas en tu cama sola pero no te atreves a decir en alto no vayan a pensar que eres un poco ligera de cascos. 

Yo soy promiscua (qué palabra más fea, suena como a delito, como a pecado de los que te lleva directa al infierno...) pero lo soy sobria y borracha. Lo soy cuando bebo y cuando no. 

En fin, que no sé dónde ha quedado el concepto del sexo que yo uso. Follar porque te apetece, porque tú quieres, sin que nadie te "compre" con 2 copas de garrafón, sin sentirte obligada sino porque el cuerpo te lo pide, porque tienes tantas o más ganas que él de probar, de sentir, correrte, lamer, gritar de gusto. Con un tío que esté deseando darte placer, tanto como tú a él, que no use más armas para convencerte que su deseo y te haga vibrar. Y sobre todo, que a la mañana siguiente no puntúe tu promiscuidad sino que te eche un buen polvo mañanero.