Nos conocemos hace tanto tiempo y tan bien que nos sobran la mitad de las palabras, quizá incluso todas. No hemos de explicarnos nada. Todo fluye, así, sin esfuerzo, simplemente fluye.
A veces es gratificante la novedad y probar nuevas pieles, nuevos besos, otras caricias. Sin embargo, en otras ocasiones no hay nada que más desee que estar contigo. Sabes todas esas pequeñas cosas de mí, mis manías, mis neuras, mis paranoias, todo eso que casi nadie sabe no porque sea un secreto sino porque hay que conocer mucho a alguien para saber determinadas cosas.
No necesitas preguntarme si quiero café para desayunar porque sabes que no bebo café.
Y me reconoces en el supermercado porque estoy oliendo todos los geles antes de decidirme por uno. O porque sabes que nunca cogería lo primero que hay en una estantería, siempre cojo algo de la 2ª o 3ª fila.
No me acaricias el pelo porque odio que me toquen el pelo y nunca se te ocurriría hacer piececitos conmigo consciente de la grima que me da que la planta de los pies de alguien roce mi cuerpo.
Nunca llegas a la hora que hemos quedado, sabes que siempre llego tarde.
Sabes bien que cuando tengo las hormonas tontas puedo llorar y al momento reírme y todo sin que medie razón para ello pero con una intensidad que es difícil de igualar.
Conoces no sólo los susurros al aire sino los que se esconden bajo la coraza.
Conoces la regla de los huevos fritos (no me atrevo a ponerla aquí porque es demasiado ridícula hasta para alguien que está tan loca como yo) y las preguntas existenciales que me preocupan en mi día a día.
Y sabes que soy capaz de jugar durante horas al pilla pilla con mis gatos o al fútbol en el pasillo de casa con bolitas de papel albal.
Que nada me hace más gracia que un chiste malo y corto aunque me lo cuenten mil veces porque siempre se me olvidan.
Sabes que tengo un trauma con las peras pero que comería cerezas hasta morir empachada.
No mucha gente sabe que a final de mes me pica siempre la palma de la mano derecha antes de cobrar el sueldo.
O que mis amigas me llaman por un nombre que sólo les consiento a ellas por ser ellas pero odiaría si me lo llamara otra persona.
Sabes que canto cuando tengo frío o que dejo rodar la r en la lengua cuando algo me da grima y que casi nunca me quedo sin palabras.
No hace falta que te diga que lo que más me gusta de mí son mis dos lunares simétricos o que cualquier cosa si es roja me gusta el doble porque ese color me atrae irremediablemente.
Conoces de sobra lo único que me molesta para dormir o que se me colorean los mofletes cuando tengo mucho sexo. Y que los animales me vuelven loca y despiertan en mí una ternura infinita.
Sabes que odio los martes y me ponen melancólica los días grises con lluvia. Me encanta el sol. Mi elemento, mi medio es el agua; de ahí mis eternos baños con espuma hasta quedar arrugada como una pasa.
Y que leo de todo, cualquier cosa menos poesía.Me muerdo el labio inferior pero sólo en un extremo cuando estoy excitada.
O que no tengo ningún pijama desde hace siglos porque siempre me ha gustado dormir desnuda, que adoro la sensación de darme crema por el cuerpo, me duermo con una facilidad espantosa siempre que quiera dormirme y odio viajar en tren.
Sabes miles de pequeños secretos. Y millones de tonterías.
Por eso me resulta tan fácil sentirme a gusto contigo.